No hubo un momento único. Ka Quiroz lo dice así cuando le preguntamos cuándo tomó conciencia de que ser mujer hacía las cosas más difíciles. Fue una acumulación: comentarios, expectativas distintas, situaciones donde la vara se movió. Pequeños momentos que se suman hasta que la imagen es imposible de ignorar.
“No recuerdo un solo momento exacto, pero sí muchos pequeños momentos que se van acumulando: comentarios, expectativas distintas o situaciones donde te das cuenta de que a las mujeres se nos mide con una vara diferente. Es en esa suma de experiencias donde una empieza a entender que aún quedan muchas desigualdades por enfrentar.” — Ka Quiroz
Pero Ka agrega algo que pocas de las catorce entrevistadas para el especial 8M de LVDM nombraron con esa precisión: ser mujer y ser parte de la comunidad LGBTIQ+ no duplica las dificultades, las multiplica. No es lo mismo navegar la desigualdad de género que hacerlo desde una identidad que todavía genera cuestionamientos en lo cotidiano, en cómo se vive, en cómo se proyecta la vida y en cómo —o si— se accede a la representación política.
“Esto se acrecienta mucho cuando además se es una mujer parte de la comunidad LGBTIQA+. Hay millones de brechas aún en lo cotidiano, en cómo vivir y proyectar nuestra vida y, por supuesto, también en términos de representación política.” — Ka Quiroz
Llegó al Concejo desde el activismo. Fue dirigenta estudiantil y de diversidades en la universidad, espacios donde aprendió que los derechos no se piden, se ocupan. Ese recorrido —haber vivido muchas de las realidades que enfrentan mujeres y diversidades maipucinas, como ella misma dice— es lo que le da consistencia frente a sus vecinas y vecinos. No habla de lo que leyó. Habla de lo que vivió.
“Creo que mi consistencia y el lugar de donde vengo —haber vivido muchas de las realidades que enfrentan mujeres y diversidades maipucinas— es lo que me permite hacer sentido a muchas vecinas y vecinos. A pesar de que la carrera la empecé en desventaja.” — Ka Quiroz
En el Concejo, el problema que identifica como más urgente es la violencia intrafamiliar. Sin vueltas: “Yo creo que sin ninguna duda la violencia física en las familias sigue siendo el tema más complejo en nuestra comuna.” Su propuesta pasa por la educación, la intervención social y las redes de seguridad para las mujeres vulneradas. Valora lo que el municipio ha avanzado, pero es explícita: falta mucho y las brechas siguen abiertas.
Ka Quiroz a las niñas de Maipú: «Nunca dejes que nadie te haga creer que hay lugares que no son para ti»

La mujer que más la marcó es su madre, Jacqueline Viveros Lamas. Una mujer que crió a Ka y a sus hermanas siendo todo tipo de sostén, que enfrentó distintas formas de violencia y nunca bajó los brazos. “En ella también veo reflejadas a mis abuelas y a mis tías, esa red de mujeres que, de distintas maneras, han sostenido mi vida”, dice. Una genealogía de resistencia silenciosa que hoy Ka ejerce en voz alta.
Su frase elegida no es casual: “No se nace mujer: se llega a serlo”, de Simone de Beauvoir. Con formación en filosofía, Ka sabe exactamente qué está diciendo. No es decoración. Es un marco teórico y una posición política.
“Sentiré que las cosas cambiaron de verdad cuando las mujeres podamos caminar tranquilas por la calle, cuando seamos realmente libres y cuando nuestra opinión y nuestro trabajo valgan lo mismo que el de cualquier hombre. Cuando nuestra sexualidad no sea motivo de juicio y cuando podamos decidir plenamente sobre nuestros propios cuerpos. Ese día sabremos que vamos en un camino firme para que la equidad sea una realidad concreta y no solo un discurso.” — Ka Quiroz
A la niña de Maipú que quiere hacer lo que ella hace, Ka le tiene un mensaje que no deja espacio para la duda: “Que nunca deje que nadie le haga creer que hay lugares que no son para ella. Habemos muchas quienes hemos abierto caminos y no permitiremos que se cierren.”









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