Hay que reconocer que Cathy Barriga tiene arrojo y buen sentido del negocio. Porque aunque no haya trascendido el monto que debe haber cobrado a Chilevisión por estar más de dos horas hablando con Julio César Rodríguez en Primer Plano, no es descabellado pensar, que poco no debe haber sido.
A Barriga me tocó reportearla durante años. A pesar de no vivir en Chile, más de 15 años haciendo periodismo en Maipú, me dotaron de fuentes periodísticas que me permitieron fiscalizar su gestión.
Algún día prometo estrenar el podcast o libro que hable de cómo conocí a la exAlcaldesa y cómo todo se fue al carajo. Quizás cuente sobre un té que nos tomamos en una cafetería de Maipú. Pero esa es otra historia (y no será contada hoy).
Ayer a Primer Plano llegó una Barriga que, a pesar de los años, sigue teniendo los mismos problemas estructurales que la metieron en el lío en el que está metida. Porque incluso teniendo puntos que poner sobre la mesa, tiene inconvenientes para exponerlos.
Barriga fue alcaldesa por un accidente electoral. Lo he dicho antes, pero me gusta repetirlo. El alcalde Vittori había sido acusado por el caso basura y la DC lo había expulsado. A pesar que se le dijo que era buena idea concentrarse en limpiar su nombre, insistió en ir a la reelección como independiente.
La Nueva Mayoría, por su parte, puso a Freddy Campusano como su carta y el resto cae de maduro. La votación de la centro izquierda se dividió y por poco más de 4000 votos de ventaja, Barriga ganó bajo esa máxima política atribuida a Julio César (Emperador de Roma, no el periodista que le hizo la entrevista) de «divide y vencerás».
Ayer Barriga básicamente se defendió de todo lo que se dice de ella y lo hizo con varias mentiras. Desde pequeñas hasta grandes. Dijo que no era caprichosa y tal vez asesorada por qué abogado, volvió a jugar la carta del persecutor. De ese macho que no la deja tranquila.
El problema es que Vodanovic y el municipio que encabeza están haciendo lo que deben hacer: denunciar. De hecho, por ley está obligado. Así, la teoría de que ha sido usada por el alcalde para aumentar su reconocimiento, tiene más de ego que de cierto.
El problema más grande de Cathy Barriga es que se esfuerza en negar hechos que son -al menos en Maipú- de público conocimiento. Su marido, el diputado Joaquín Lavín León pasaba hartas horas en la comuna, reuniéndose con altos cargos del municipio y daba instrucciones que incluso están acreditadas por correos electrónicos en poder de la fiscalía.
En el mundo de Barriga no importan las verdades y escasea el sentido común. Ella ha estado en prisión no por el capricho de un alcalde, sino porque hay una fiscalía que está convencida que ella cometió delitos y jueces de garantía que, a la luz de las pruebas, han decidido dejarla presa en una cárcel o con distintos tipos de arresto en su domicilio.
Tanto Cathy Barriga como Joaquín Lavín no son víctimas de una persecución de la izquierda nacional, ni internacional. Nunca fueron -hay que decirlo- tan relevantes.
Lo que Cathy Barriga no logra comprender

Lo he dicho en otras ocasiones, sus principales problemas son su carácter, su porfía y su ignorancia. ¿Lo peor? No aprende de los errores. Quien fuera la máxima autoridad política de la comuna sigue diciendo que ella no es política.
El juicio que la tiene en la palestra lo ha enfrentado en sus códigos propios. Un consejero político le hubiera dicho, por ejemplo, la primera vez que quedó con arresto domiciliario, que era buena idea cultivar un bajo perfil. Tratar de que el caso se mantuviese calmo. ¿Qué hizo ella? corrió a tomarse fotos sugerentes para venderlas en una plataforma. ¿El resultado? Una opinión pública indignada. ¿Las consecuencias? un mes después entraba a prisión efectiva.
En la entrevista le tocan el tema del matinal que grabó en una copa de agua. Miente al hacerse la sorprendida con la multa y se enreda explicando que había una casa fiscal en ese Copa de Agua, que estaba cedida al exChofer del alcalde Vittori.
Porque es cierto lo del chofer y es cierto lo de la casa. Y probablemente sea cierto que fueron los cercanos a Vittori los que más bulla metieron por la baja de presión que significaba apagar algunas máquinas que ayudan a la copa de agua a surtir del vital líquido a vecinas y vecinos, porque el ruido se les metía en cámara.
En todo este tiempo, Barriga ha sido incapaz de recordarle a la opinión pública la calaña del gobierno comunal de Vittori y el perfil de los asesores que el exalcalde tuvo. Es cierto que bajo su gobierno comunal hubo operadores que se disfrazaron de ciudadanos indignados, con la secreta esperanza que Vittori pudiese recuperar el trono, y ellos sus prebendas.
Pero como le dijo Julio César (El periodista, no el Emperador de Roma) «dos malas, no hacen una buena». Porque los operadores de Vittori no le perdonaron una, pero las acusaciones que le hicieron resultaron ser, en su mayoría, todas ciertas.
Casi al final de la entrevista, Barriga que se esforzó (por estrategia o alguna cláusula en el contrato con CHV) por mostrarse más cercana a Ghandí que al Tronco Torrealba dijo una frase que es decidora: “No me arrepiento de ser como soy y de las cosas que he vivido”.
Y ahí está la madre del cordero, ha vivido las cosas que ha vivido por ser, precisamente, como es.









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