Opinión: «Ni en cien años»

Alanis
Alanis
Alanis es mucho más que Magdalena Bruna que es su nombre de bautizo. Escritora, vecina de Maipú. De niña mostró interés por el arte. Se dedicó al baile de manera profesional y a los 41 años contó, con algo de angustia, lo que había vivido en lo laboral, en un relato que ganó el premio literario de la Dirección del trabajo, a nivel nacional. Recién ahí, miró a su alrededor y se notó rodeada de libretas, cuadernos, escritos por todos lados. Publicó "Cuentos de Alanis", libro que lleva más de 12.000 ejemplares vendidos

Al hablar de política hoy, aparecen los mismos sentimientos que yo veía en las personas que veníamos ayer en la micro llena de las 6 de la tarde, por Camino a Melipilla: cansancio, preocupación, stress, hostilidad, rabia, pena, desagrado, indiferencia y finalmente, resignación.

El problema es que, durante años (demasiados años), nos acostumbramos a no tener nada y a salvarnos como podíamos. Luego, llegó el Estallido Social y la gente empezó por fin a quejarse y los que estaban a cargo de todo, o se asustaron, o se empezaron a hacer cargo, corriendo para atender las demandas.

Pero fueron tantos años, que todo estaba construido a base de sistemas ineficientes y macabros. Pero lo peor fue que nos habíamos acostumbrado al silencio. Y cuando vino el grito, todos gritamos con tanta fuerza, que se nos fue todo el aliento en ese grito.

Quedamos agotados, más aun, al darnos cuenta que ni en cien años podremos revertir este proceso.

Ni con gente como Vodanovic, ni con Boric, ni con Superman, ni el hombre araña, ni el hombre increíble, ni los 4 fantásticos.

Aquí no hay escuelas de magia como en Harry Potter. Aquí hay gente trabajando por y para la gente, como nunca la hubo en Chile. Y si la hubo, hicieron re-cagar en Dictadura a muchos de ellos o fueron perseguidos, y luego, han sido luces, pequeños grupos, pero no los suficientes para todo lo que queda por hacer.

Resulta que ahora todos quieren sus derechos y su plata.

Ni en cien años.

Aunque suene duro, realmente, teníamos la media cagada, y no nos dábamos cuenta.
Ni ahora, ni nunca, les ha temblado la mandíbula a los más ricos y acomodados, para decir que no quiere perder un ápice de lo ganado, y que incluso, quieren más. Y yo no veo que ellos aprendan la lección. Ni perdón piden, ni memoria tienen.

No creo que tengan la más mínima intención de aprender a ser verdaderamente generosos, y cien años no es nada al lado de los 500 que han tardado en que suelten territorio mapuche. Y lo peor es que han educado a parte del pueblo chileno y mapuche en ese egoísmo y en esas estrategias tránsfugas para continuar haciéndose ricos.

Gente amarrete, diría Carmen Hertz, que usa un lenguaje mucho más decente y elegante que el que yo usaría.

Hace dos semanas, salía agua con caca frente a mi casa, en el pasaje de mi Villa. Hay gente que tuvo eso TODA SU VIDA y aún vive así. Recuerdo las casas que se caen solas en Valpo. El abandono. Pues los vecinos nos unimos y el alcalde hizo la tarea, y se arregló en 4 días. Al menos ahora llegan a socorrernos. Y Vodanovic hace política de verdad, no milagros.

Boric está empezando, y aunque es poeta, y por eso, es posible que sepa algo de magia, tampoco es “Todopoderoso” y su equipo de apoyo no son seres adivinos, menos aun cuando todavía se ven rodeados de seres que tampoco quieren perder poder ni privilegios.

Ni en cien años. Háganse la idea. Ni en cien años podremos cambiar a estas personas que atornillan al revés. Lo genial, es que nosotros sí podemos cambiar, y somos muchos y silenciosos. Para algo que hayamos aprendido el silencio.

Somos silenciosos, pero pensamos y podemos cambiar esto en cincuenta, o en veinte, más rápido de lo que esos otros, puedan imaginar.

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