/ Tomás Tapia
3 de febrero de 2026

“Tanto esfuerzo perdido en minutos”: la historia del emprendimiento de creaciones 3D que quedó arruinado tras el temporal

En segundos, la lluvia y el granizo destruyeron el taller que sostenía a una familia, obligando a separar a cuatro niñas de su hogar y dejando en pausa un sueño construido durante más de un año.
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Lo que comenzó como una tarde de lluvia que la familia observaba con alegre sorpresa, se transformó en una pesadilla que borró un año de esfuerzo y separó a una familia. Claudia Gutiérrez Bocca y José Cornejo Astudillo, emprendedores dedicados a las creaciones 3D, relatan con evidente pesar cómo lo que terminó siendo un temporal no solo destruyó su sustento económico, sino que arrebató la seguridad de su hogar, dejando a sus cuatro hijas refugiadas en casas ajenas.

Los vecinos de Villa Los Héroes habían invertido más de un año y cerca de dos millones y medio de pesos en su taller de impresión 3D, su único sustento familiar. En cuestión de segundos, el techo cedió ante la lluvia y el granizo. «Miraba las máquinas y decía: ‘Tanto esfuerzo perdido en minutos’. Te lo juro, me decía a mí misma que fue un sueño bonito, pero se perdió», confiesa Claudia con la voz quebrada.

De acuerdo con el relato, entre las pérdidas se encuentran impresoras de alta tecnología, incluyendo una multifilamento recién comprada hace apenas dos semanas. Este era el video que subieron el día después de lo ocurrido:

Aquí hay algunas imágenes que pudimos captar en terreno donde se aprecia el daño y todo lo que se perdió materialmente. Hay pedidos pendientes de norte a sur que incluso ya fueron pagados, pero hubo que explicar lo sucedido. Desde Crea 3D agradecen profundamente la comprensión y paciencia de sus clientes:

De todas formas, el daño material pasó a un segundo plano cuando la integridad de sus hijas se vio amenazada.

«Mi preocupación eran mis hijas. Ellas estaban aterradas, me decían: ‘Mamá, vámonos de esta casa’. En ese lapso no miraba mucho hacia las máquinas, solo me preocupé de abrazarlas, contenerlas y que la más chiquitita dejara de tiritar; incluso se nos desmayó por el estrés que estaba sintiendo», relata la afectada.

Había un cumpleaños al día siguiente

La emergencia obligó a las niñas a salir de su hogar de manera apresurada, sin más pertenencias que lo puesto. «Las niñas se fueron con pijama y a pies descalzos, porque sus zapatos quedaron todos mojados por el agua», explica Claudia. Esta separación física ha sido el golpe más duro para una familia que no cuenta con redes de apoyo externas.

El momento más doloroso ocurrió el pasado domingo, cuando la hija mayor, Jade, cumplió 15 años lejos de sus padres y hermanos. «Jade cumplió sus 15 años y los pasó en una casa ajena. Nosotros tuvimos que cantarle el ‘cumpleaños feliz’ por videollamada», cuenta Claudia sobre la amarga distancia. Por ello, la prioridad absoluta de esta pareja hoy no es recuperar el taller, sino reconstruir su techo.

«Lo que nosotros queremos es que nuestras hijas estén aquí, poder abrazar a la que cumplió 15 años con un abrazo real y no uno virtual, y pasar el próximo cumpleaños de mi segunda hija con ella en su casita […] Ellas quieren estar en su casa», añade con esperanza.

José, por su parte, destaca que todos los días, en la mañana, al mediodía y en la tarde noche reciben un mensaje de sus hijas con una energía que los rompe, a la vez que los anima a volver a pararse.

«‘Hola papá buenos días’, ‘¿cómo están?’, ‘¿tomaron desayuno?’, ‘¿almorzaron’?, ‘¿tomaron once?’, ‘buenas noches, que descancen. Te parte el alma ver cómo cuatro niñas de 15, 13, 10 y 9 años están tan preocupadas por nuestro bienestar, porque estemos comiendo, descansando, a raíz de que ellas no pueden estar por lo que pasó […] Ellas están súper bien donde están, estamos muy agradecidos, pero quieren estar en su casa», cuenta, afirmando que están haciendo todo lo posible por despejar para que al menos puedan reunirse en el living a cantar el cumpleaños feliz.

El abandono institucional

A pesar de la gravedad, la ayuda no ha llegado. El segundo piso de la vivienda es inhabitable; la madera está hinchada y el suelo se hunde al pisarlo, representando un peligro constante. Según las fuentes, las autoridades municipales que visitaron el lugar para llenar la ficha FIBE concluyeron que no tenían pérdidas significativas porque los muebles no estaban cubiertos de barro, por lo tanto, entraban a una especie de sorteo para ver si finalmente recibirían o no algún apoyo estatal.

«Hasta el día de hoy no hemos recibido ni un trozo de nada. Se pidió ayuda para por último conseguir nylon y tapar el techo, pero nunca llegó», denuncia la afectada, quien siente que la zona ha sido ignorada por prejuicios sobre su situación económica.

«Yo creo que el pensamiento de la asistente social que vino es que no necesitamos ayuda. Dicen ‘tiene aire acondicionado, tienen una TV de más de 50 pulgadas, tienen lavadora, secadora, refrigerador dos puerta’… pero detrás de todo eso hay años y años de esfuerzo. Antes del emprendimiento de mi señora, yo tuve mi trabajo, lo perdí, y salía a vender pan amasado y chaparritas. Hasta el día de hoy me vienen a preguntar si aún vendo. Hay días y días de esfuerzo porque queremos darle lo mejor a las niñas», complementa José.

Hoy, Claudia y José enfrentan una reconstrucción que requiere materiales por cerca de un millón y medio de pesos, además de la recuperación de sus herramientas de trabajo. Mientras tanto, el taller que alguna vez vibró con el sonido de las máquinas imprimiendo sueños, permanece en silencio, esperando que el agua seque y que la familia pueda, finalmente, volver a estar bajo el mismo techo.

Si puedes y quieres colaborar, está disponible la cuenta bancaria donde puedes hacer una transferencia en apoyo:

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SOBRE EL AUTOR

Tomás Tapia

Periodista en Práctica

Admirador del Gato Gamboa, contador de historias y periodista en formación

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