Amador Mesa, el crítico gastronómico de Recomiendo Maipú, se adentró en lo sabores mexicanos en plena Plaza de Maipú: fue al imperdible Veneno Sudaka, un food truck que te invita a probar lo mejor de centromérica en el poniente de la capital.
Pensar en México es pensar en El Chavo del 8, en Juan Gabriel y en esas mañanas de aseo
profundo donde alguien, sin pedir permiso, pone los parlantes hacia la calle para que todo el barrio sufra sus penas de amor (y el que no tiene, empiece a tener).
Es pensar en las veces que sonó Molotov en la radio con ese clásico que hoy, probablemente, estaría «funado» por secretaría ministerial y comité generacional. También es pensar en José José, que nunca se fue del todo y ahora volvió en covers en las cuerdas del Bloque Depresivo, para recordarnos que el drama elegante jamás muere.

México está en Chile hace rato. Somos, sin exagerar mucho, el segundo país emocionalmente ranchero después de México. Acá la ranchera se puso polar, tomó té y desarrolló estilo propio. Y también lo tenemos tatuado en la memoria con María la del Barrio, Carrusel y si te acuerdas de esto, abrígate un poco más que viene el invierno y los años no pasan en vano, querubín.
Hasta 31 Minutos tiene algo mexicano en el alma. Hace un tiempo, conversando de México, me recomendaron ir a una taquería llamada Veneno Sudaka. Siendo honesto, la dejé pasar. Pensé: «otra más, qué lata», porque abundan los lugares que
venden sombreros, cactus y tipografía falsa, pero no comida.
Hace unos días me vino el antojo y pregunté por tacos en Maipú. Varias personas apuntaron al mismo lugar: Veneno Sudaka. Ya con la insistencia ajena, uno sospecha que algo pasa. Fui buscando el carro rosado que mostraban en redes, no estaba. Pregunté y me dijeron que se habían cambiado a una especie de «plaza de bolsillo» entre las salidas del metro.
Ya había tenido algún encuentro cercano con cada uno de ellos:
● Coffee on wheels, donde se puede encontrar a uno de los mejores baristas de filtrados de Maipú.
● Barbas Vegan, proyecto que ha ganado nombre propio y hoy incluso aparece nominado
entre los referentes de cocina vegana en Chile.
● Ulala Creps, dulce y popular. Su mote con huesillos es de esos que todavía respetan la
tradición (mis disculpas, aún no he probado los crepes).
● Valentino Pizzería, con pizzas estilo napolitano, buena fermentación, técnica visible y ese borde inflado que ya anuncia seriedad antes del primer bocado.
● Pato Patata, con papas contundentes y toppings generosos a precio amable. Comida directa al corazón sin pasar por la culpa.

Este patio uno de esos espacios donde todavía parece posible emprender sin venderle el alma a un mall. Pero yo venía por los tacos. Me senté en la barra y miré la carta. Lo primero que me descolocó fue la música: electrónica. Nada de rancheras, nada de mariachis llorando. Y está bien, porque esto no era una caricatura temática; era comida.
Vi al joven haciendo tortillas oscuras y pregunté. Me respondió: «maíz plomo, hechas por
nosotros«. Más encima, nixtamalizan el maíz, ahí uno se endereza en la silla. Para el que no sabe, la nixtamalización es un proceso ancestral mexicano donde el maíz se cuece con cal para transformarlo en algo superior. O sea, acá no están jugando.
Pedí una orden de tres tacos por $7.900:
- Pollo con longaniza y repollo encurtido.
- Chancho pibil con piña.
- Carne con queso.
Para tomar, pedí agua de Jamaica. Mi cabeza viajó directo al Chavo y su clásico: «la de limón sabe a tamarindo, la de jamaica a limón, y la de tamarindo sabe a jamaica».
Pedí la de Jamaica que fue lo primero en llegar. Estaba helada, justa de dulzor, ácida, floral y refrescante. Rica de verdad, no «rica para ser alternativa».

En Veneno Sudaka la tortilla marca la diferencia. Ahí empieza todo. De tamaño promedio, sin complejos absurdos; porque, como en varias cosas de la vida, no importa el tamaño sino lo que provoca.
● El de pollo con longaniza: venía jugoso, con ese sabor grasoso «feliz» que luego equilibra el repollo y unas gotas de limón. Un taco honesto y goloso.
● El de chancho pibil: rojo por el achiote, fue probablemente el mejor. Sabroso, húmedo y
especiado, con la piña haciendo lo que tiene que hacer: cortar, refrescar y ordenar la fiesta.
● El de carne con queso: era más simple. El «taco puente». El taco para el que recién llega y
todavía mira con miedo. Correcto y cumplidor. Como bailar El Tiburón en un matrimonio: no es tu canción favorita, pero igual la disfrutas.
Mención aparte a las salsas. La verde, adictiva (sospecho cilantro y otras brujerías). La roja, con algo de pebre tostado y «mala intención».

Veneno Sudaka es de esos lugares que uno prueba, de inmediato piensa en volver y gritarlo como corrido mexicano para que se escuche. Porque cuando un sitio hace las cosas con técnica, identidad y sabor, se nota al primer mordisco. Y eso, en tiempos donde tanto local vende humo en tortilla industrial, vale más que cualquier sombrero colgado en la pared (aunque sí hay una máscara de lucha libre, pero ese es otro tema).
Las fotos son robadas por que muy evidente y sospechosa tomarlas, así que esta vez guardamos la cámara. Porque la mesa —aunque sea prestada, pequeña o improvisada— siempre recompensa al que llega con hambre de verdad.
¿Dónde encontrar a Veneno Sudaka?
Están ubicados en el corazón de la comuna, a solo unos pasos del Metro Plaza de Maipú.
- Horario: lunes a viernes de 12:00 a 20:00 horas.









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