El Panguipulli: el bar cultural que reúne la buena música, el buen trago y la buena comida en Maipú

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Si estás en la búsqueda de ese rincón que tenga sabor y sazón casero en sus comidas (con opciones veganas), una variada carta de ‘copete’ y música popular de esa que te gusta, El Panguipulli es el lugar correcto.

Anda marcando el mapa en Avenida Portales 575, Maipú, y déjate sorprender por la cartelera de artistas locales y destacados de cada semana con estilos que van desde cueca y folclore en general, hasta salsa, pachanga e incluso rap, entre varios otros.

Se trata de un lugar con mucha historia, cultura y amistad, con más de 50 años de existencia, hoy a cargo de Carlos Muñoz, más conocido como «el Moño» y Maximiliano Valdenegro, alias «el Perro».

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Carlos Muñoz (El Moño) y Maximiliano Valdenegro (El Perro) | Bar El Panguipulli

Según cuentan, estos amigos se conocieron y estrecharon lazos cuando eran unos jóvenes imberbes de cuarto medio que no solo disfrutaban de la buena música sino que también la interpretaban. Estudiaron la carrera juntos y tras varios años compartiendo en diversos proyectos, la vida los mantiene hoy unidos sacando adelante al mítico bar.

«Siempre tuvimos en mente algo como esto, hasta que se dio la oportunidad y se tomó. Porque esto no nace con nosotros, sino hace décadas con la familia Curilem. Cuando el matrimonio se devuelve al sur queda uno de sus hijos, Iván, a quien todos conocemos en el mundo cultural, y él prestaba o arrendaba el bar para que las bandas y agrupaciones culturales se encontraran. Era el único lugar que había para hacer eventos, además de la junta de vecinos», relata Carlos.

Aquí vale la pena hacer una pequeña pausa. El Moño se refiere al matrimonio de Don Genaro Curilem y Antonia Calfumán, quienes -siempre del sur- una vez que se casaron vivieron sus primeros años en la comuna de Panguipulli. Después de varias vueltas en distintas ciudades del país, terminaron en la entonces Villa Endesa, a unas cuadras del Templo Votivo por ahí por 1969, y al tiempo abrieron el bar, donde atendían principalmente a obreros del cordón industrial.

En una crónica publicada en un medio local de dicha comuna sureña, Jorge Jiménez Muñoz rescata sobre Antonia y su rol administrando el local: «Ya instalada con tres niños en Maipú (para mapuches y campesinos, Maipú en los años 60 era lo más parecido a su tierra lejana), se daba maña para hacer funcionar el mítico restaurante […] Se levantaba temprano para salir a hacer las compras a Santiago, en el bus verde que se iba por la larga alameda de Pajaritos, donde solo había chacras a sus costados, hasta llegar a Estación Central. Cuando aún no conocía bien, siendo muy joven y provinciana, habitualmente se perdía y preguntaba hasta que lograba dar con la micro verde de regreso, siempre llena de bolsas de verduras, carnes, condimentos y frutas».

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Bar El Panguipulli.

Tras más de un intento de parte de Iván Curilem, su hermano José y luego un conocido amigo del bar, Claudio Francisco Fernández (Pancho), por mantener vivo este valioso lugar de encuentro cultural en la comuna, tras la inesperada muerte de Pancho terminaron bajando las cortinas nuevamente.

«Cuando supimos sobre esta situación, comenzamos a acercarnos a la familia y logramos generar un lazo nuevo con Iván, quien vio viable la propuesta de una sociedad entre él y nosotros para levantar El Panguipulli otra vez», cuenta Carlos, agregando que hubo mucho trabajo detrás arreglando y habilitando el espacio.

«Empezamos a darle énfasis al tema de la música maipucina y potenciar a los artistas. Empezamos con las cuecas, trovadores, bandas de cumbia, folclore, rockeras, hiphoperas, punkis. En general a abrir las puertas a todo el arte maipucino. Queremos impulsar ese sello cultural y que se le reconozca su carácter patrimonial en la comuna», agrega en ese sentido.

Además de la variedad de cantantes y bandas locales, desde la reapertura de este mítico bar se han presentado reconocidos artistas como Demian Rodríguez, Daniel Cantillana (Int Illiminai), Chinoy, Kaskivano, Luis Le-Bert, Dr. Bene, entre muchos otros más.

«Nuestra tarea es acercar a estos músicos al barrio, que sean parte del barrio y que la gente pueda llegar a ellos en un bar popular donde casi nunca han llegado artistas de esa talla. Sin desmerecer el trabajo que tienen muchos artistas locales que llegan a nuestro local y que son muy, muy buenos», destaca Muñoz. Entre algunos de los locales se encuentran Bluciérnaga, Chicago Bye, Cirrosis, Morrigan y Fogata.

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Artistas en El Panguipulli.

Entre los tragos favoritos -según su éxito de ventas- destaca el borgoña, además de la piscola. «Los piscoleros saben que en El Panguipulli están las mejores piscolas de Maipú porque las hacemos con cariño», asegura el Moño, aunque para quien escribe no hay algo más rico que la chicha que venden en el local (recomendadísima ❤️).

«También está la cerveza artesanal. Tenemos un trato con la Cervecería El Rústico, maipucina, y a la gente le ha gustado mucho. A los viejitos que le gusta más lo nacional, han aprendido a querer lo artesanal. Eso y la michelada, que son bien buenas», comenta Carlos, adelantando que se viene la Cerveza Panguipulli, de elaboración propia.

En cuanto a la comida, lo más consumido son las chorrillanas, que se hacen con papas caseras. También están los sandwiches, cuyo pan lo hacen las manos de Ninoska Gonzáles, pareja de Carlos, y últimamente se ha hecho muy popular el completo, luego de que se viralizara en la conocida cuenta de Un Completo y un Shop.

«Nos preocupamos de la calidad del producto. Que todo sea rico, contundente, casi todo de elaboración propia. Hemos tenido un muy buen alcance con la comida, la cual incluye opciones vegetarianas. Tener un bar así, tipo peña, da la impresión de que no se preocupara de esas cosas, pero sí, tenemos un espacio vegetarianas de calidad», destacan.

Dentro de las proyecciones contemplan ir concretando cada vez más mejoras en la infraestructura del local, ya que reconocen no estar muy conformes con el estado actual, sin «las mejores condiciones».

«Sabemos que no es un lugar ‘de primera’. Mantener un bar, siendo personas de clase media como nosotros, es complicadísimo. Vamos viviendo el día a día sin un gran sustento detrás, y hemos tratado de ir invirtiendo lo más que se puede. De todas formas hemos visto a la gente cómoda, contenta con los precios, la parrilla artística y con la recepción, porque a todos los tratamos como amigos. Con todos nos podemos sentar a compartir un trago, a solucionar el mundo», expresa el vecino.

«El escenario siempre está abierto. Si alguien quiere tocar la guitarra, cantar o recitar. Si solo quieres ir a tomar algo solo o sola, es un lugar seguro. Nunca hemos tenido una pelea y si alguien no se comporta, tenemos la confianza para solicitar que se retire sin inconvenientes», agrega.

Una de las principales metas es mantener la esencia de El Panguipulli en el tiempo y potenciarla, además de llegar a realizar y protagonizar un festival, una fiesta de la cerveza, entre varios otros proyectos de mediano y largo plazo.

«Ahora en agosto se viene el aniversario, que aunque sea un poco como lo que hacemos siempre, estamos planificando tener una parrilla semanal, todos los días de martes a sábado. Para nosotros es una puesta en escena gigante, con buenos artistas», cierra el Moño, invitando a estar atentos a las redes sociales, principalmente Instagram (CLIC AQUÍ).

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