/ Ricardo Cornejo
15 de febrero de 2026

Vivir cansados: la salud mental en las comunas dormitorio como Maipú

La rutina de largos traslados en comunas dormitorio como Maipú genera un desgaste mental crónico que se normaliza, afectando el bienestar y las relaciones. Expertos urgen a reconocer este cansancio no como falla personal, sino como un problema sistémico que requiere abordaje individual y colectivo para proteger la salud mental. En esta columna de opinión el psicólogo Ricardo Cornejo @ps.rcornejo2010 entrega una serie de recomendaciones que aportan a enfrentar el cansancio crónico.
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Crecí acostumbrado a los traslados largos. Desde niño, ir al colegio en Santiago Centro
significaba levantarse muy temprano, subirse a micros llenas que muchas veces no
paraban, hacer fila en medio de la calle con la esperanza de alcanzar asiento, viajar de pie,
apretado, atento. En los años 80 y 90 eso era parte del paisaje cotidiano. El Metro, cuando
tocaba, tampoco era descanso. El cuerpo aprendía desde chico a estar en movimiento, en
alerta, apurado.

Con los años la escena cambió, pero no tanto. Ya de adulto, viviendo en Maipú, casi todos
mis trabajos estuvieron en Providencia o en Las Condes. Salir temprano, volver en hora
punta, pasar dos o incluso tres horas diarias en traslados. Autopistas urbanas que prometen ahorrar tiempo, pero que suman una cuenta mensual alta, otro gasto más que se naturaliza.

Llegar a la casa cansado, con la sensación de que el día se fue en el camino. Esa
experiencia no es solo mía. Es compartida por miles de personas que viven en Maipú y en
otras comunas similares. Y no es un detalle menor: es una forma de vida.

Una comuna dormitorio es un territorio donde una parte significativa de sus habitantes vive, pero no desarrolla allí su vida principal. Son comunas desde donde las personas salen temprano hacia polos laborales lejanos y regresan al final del día, después de extensos trayectos, con el tiempo y la energía ya consumidos. Más que un concepto urbano, la comuna dormitorio es una experiencia cotidiana: vivir con el reloj adelantado, con el cansancio normalizado y con la sensación persistente de que la vida ocurre en otro lugar.

Maipú es un reflejo claro de este modelo. Una comuna transversal, diversa, donde conviven todos los niveles socioeconómicos, pero donde gran parte de la población comparte la misma rutina: viajes largos, transporte saturado, jornadas extensas y poco margen para el descanso real. El tiempo que se va en el traslado no es tiempo neutro, se vive con el cuerpo tenso y la mente exigida.

Desde la psicología, sabemos que el estrés no se produce solo por eventos traumáticos
evidentes, sino también por exigencias sostenidas en el tiempo.
La Organización Mundial
de la Salud (OMS
), ha señalado que la exposición prolongada a factores como la sobrecarga cotidiana, la falta de control sobre el propio tiempo y la dificultad para conciliar trabajo y vida personal impacta directamente en la salud mental. En las comunas dormitorio, este desgaste se vuelve invisible porque se asume como normal.

En Chile, estudios desarrollados por universidades como la Universidad de Chile y la
Universidad Diego Portales han mostrado que los extensos tiempos de traslado afectan la calidad de vida, el bienestar emocional y las relaciones familiares. No se trata solo de
cansancio físico. Es un cansancio mental acumulativo, que va erosionando la paciencia, la
motivación y la capacidad de disfrutar lo cotidiano.

A esto se suma una dificultad central: la sensación de no tener alternativas reales. Muchas personas no pueden cambiar de trabajo, no pueden mudarse más cerca, no pueden reducir su jornada. Desde una mirada psicológica, esa percepción de falta de control es especialmente dañina. Cuando el esfuerzo es constante y no hay posibilidad de elegir, el malestar se internaliza.

Así aparecen síntomas que hoy vemos con frecuencia: irritabilidad persistente, problemas de sueño, fatiga emocional, dificultad para concentrarse, sensación de vivir siempre apurados. No siempre estamos frente a trastornos mentales clínicos. Muchas veces estamos frente a respuestas humanas adaptativas, que se normalizan a condiciones de vida exigentes.

El problema es que tendemos a individualizar este malestar. Se le pide a la persona que
sea más resiliente, que se adapte mejor, que aguante. Pero la resiliencia no es resignación,
NO es acostumbrarse al desgaste sin decir nada. Desde la psicología, la resiliencia implica
reconocer los límites, cuidar la salud mental y también cuestionar los contextos que
enferman.

Vivir en una comuna dormitorio exige un trabajo mental adicional. Exige aprender a convivir con el cansancio y con el tiempo perdido en el traslado. Pero también exige que, como sociedad, entendamos que la salud mental no se juega solo en la consulta psicológica, sino en cómo organizamos nuestras ciudades, nuestros trabajos y nuestros tiempos.

En Maipú no falta esfuerzo. Falta descanso, y mientras el cansancio siga siendo visto como algo normal, seguiremos pidiendo a las personas que se adapten a una forma de vida que, psicológicamente, no es saludable.

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¿Qué se puede hacer cuando no se puede cambiar todo?

Hablar de salud mental en las comunas dormitorio no puede quedarse solo en el
diagnóstico. Muchas personas leen esto pensando: “sí, todo eso me pasa, pero igual
mañana tengo que levantarme a las cinco y salir”. Y es verdad. No siempre se puede
cambiar de trabajo, mudarse o acortar los trayectos. Pero sí se puede intervenir el desgaste, aunque sea en pequeñas dosis.

Desde la psicología, hay algunas claves simples —no mágicas— que ayudan a amortiguar
el impacto del cansancio crónico:

  1. Nombrar el cansancio como real, no como falla personal. Decir “estoy cansado” no es queja, es información. El cuerpo y la mente reaccionan a una sobrecarga sostenida. Validar eso reduce culpa y autoexigencia, que son grandes
    amplificadores del malestar.
  2. Cuidar las transiciones. El traslado no es solo tiempo perdido: es una transición entre roles. Llegar a la casa directo a las obligaciones familiares sin un mínimo espacio de descarga aumenta la irritabilidad. A veces bastan 10 o 15 minutos conscientes —caminar, respirar, estar en silencio— para que el sistema nervioso baje un cambio.
  3. No llenar cada minuto libre de exigencias. En contextos de cansancio crónico, el descanso no siempre es “hacer cosas productivas”. Dormir un poco más, no responder mensajes laborales fuera de horario, reducir estímulos, también es salud mental.
  4. Conversar el malestar, no solo aguantarlo. Muchas parejas y familias en comunas dormitorio no discuten por falta de amor, sino por agotamiento. Hablar del cansancio como fenómeno compartido —no como reproche—
    puede cambiar mucho la dinámica cotidiana.
  5. Pedir ayuda a tiempo. No hay que “estar mal del todo” para consultar. Muchas veces la terapia no busca cambiar la realidad externa, sino ayudar a que la persona no se rompa por dentro intentando sostenerla sola.

Más allá del individuo

Pero sería injusto cerrar esta reflexión solo con consejos personales. El cansancio de las
comunas dormitorio no es un problema de carácter ni de resiliencia individual. Es el
resultado de cómo se han organizado el trabajo, el transporte y el acceso a la ciudad.

Hablar de salud mental también implica preguntarnos cuánto tiempo de vida estamos
dispuestos a perder en el traslado, cuánto cansancio consideramos aceptable y qué modelo de ciudad estamos normalizando. Mientras eso no se discuta, seguiremos pidiendo a las personas que se adapten a condiciones que, psicológicamente, desgastan.

Repito, en Maipú no falta esfuerzo. Falta descanso. Y reconocerlo no es debilidad: es el primer paso para empezar a cuidarnos mejor, individual y colectivamente.

SOBRE EL AUTOR

Ricardo Cornejo

Psicólogo clínico y organizacional con más de 14 años de experiencia.

Ricardo Cornejo, psicólogo clínico y organizacional con más de 14 años de trayectoria, se ha especializado en depresión, ansiedad, crisis vitales, fobias, y orientación vocacional y laboral.

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