El Diputado y candidato presidencial, Johannes Kaiser se presenta como el gran “amante de libertad” en su Partido Nacional Libertario. Pero basta escuchar sus declaraciones sobre la eutanasia para darse cuenta de su contradicción. Su libertad no es para todos, es solo para él y la gente que piensa igual. Se llena la boca con la palabra libertad, pero cuando se trata de reconocer los derechos individuales para decidir sobre su propia vida y su propio dolor, inmediatamente levanta murallas.
Tras más de diez años de constante lucha la Comisión de Salud del Senado aprobó hace unos días la idea de legislar la eutanasia. Un paso histórico hacia la dignidad y la autonomía, que busca dar alivio a cientos de personas que sufren enfermedades clínicas incurables, que atraviesan dolores intolerables y que piden poder tener un final digno. Pero no bastó ni una semana para que personajes como Kaiser saliera a decir que este proyecto “busca matar gente” y “legalizar el homicidio”. Esa no es una opinión, es una mentira. Y peor aún: es una mentira planeada, consciente, lanzada para generar miedo, para instalar titulares fáciles y para disfrazar dogmas religiosos en argumentos políticos.
Como sociedad se tiene que pedir como mínimo que a un diputado y un candidato al sillón presidencial lea los proyectos de ley antes de “opinar”. Pero Kaiser no argumenta: caricaturiza. No debate: grita. No informa: desinforma. ¿Es su aporte a la política? ¿Convertir la libertad en un eslogan vacío y en un disfraz para imponer dogmas?
La eutanasia no obliga a nadie. Nadie va a ser forzado a tomarla. Quien quiera vivir hasta el último suspiro podrá hacerlo, como siempre. Lo que hace el proyecto es ampliar la libertad: darle a quienes enfrentan una enfermedad incurable la posibilidad de decidir su propio destino. Esa es la esencia de la libertad. Pero Kaiser, en lugar de respetar la autonomía, busca cerrarle la puerta a todos, porque a él no le gusta la idea. Ese es el nivel de su “liberalismo”: si no se ajusta a sus creencias, entonces no vale.
Eutanasia: «Libertarios en la medida de lo posible»

Ese es el problema de los autodenominados “libertarios” como Kaiser: hablan de libertad para comprar, vender y portar armas, pero se aterrorizan con la libertad personal de decidir sobre la vida y la muerte. La libertad que defienden es selectiva, útil solo cuando refuerza sus intereses ideológicos. No es libertad, es control disfrazado de liberalismo.
Y lo más grave: la mayoría de los chilenos ya decidió. Según CADEM, un 76% está a favor de la eutanasia. Otras encuestas muestran cifras aún mayores. Es decir, Kaiser no solo quiere imponer su moral sobre los enfermos que sufren, sino también sobre la gran mayoría del país que pide dignidad y autonomía. ¿Dónde queda la libertad ahí? Si él realmente creyera en la libertad, debería defender el derecho a decidir incluso de quienes no piensan como él. Pero su libertad, insisto, es un traje a medida: solo sirve cuando se la pone él.
El proyecto de eutanasia es claro y riguroso: exige mayoría de edad, diagnóstico confirmado por especialistas, validación de un psiquiatra y voluntad expresa, la posibilidad de arrepentirse en cualquier momento. ¿Qué hay de homicidio en eso? Nada. Lo que hay es humanidad, compasión y respeto.
Pero Kaiser prefiere la mentira fácil. Es un manual viejo: exagerar, manipular, sembrar miedo. Así se fabrican titulares, pero no se construye un país. Y menos un proyecto político serio.
la libertad real no es imponerle a otros cómo vivir o morir. La libertad real es que cada persona pueda decidir por sí misma. Kaiser es un conservador disfrazado, que usa la palabra libertad como máscara para encubrir su afán de control. Porque libertad sin autonomía no es libertad, es sometimiento.
El debate sobre la eutanasia no es solo legal o sanitario, es profundamente humano. Conversar sobre la vida implica, sí o sí, hablar de la muerte. Al referirnos a cómo vivir, también debemos hablar de cómo morir. Y la eutanasia no le resta valor a la vida, al contrario: morir con dignidad también dignifica la existencia. La vida no se engrandece prolongando innecesariamente el dolor, sino respetando la voluntad de quien lo sufre.
Por eso, la pregunta no es “¿dónde quedó el amante de la libertad?”. La pregunta es más dura: ¿alguna vez lo fue? Todo indica que no. Kaiser nunca defendió y nunca defenderá la libertad. Defiende sus dogmas, disfrazados de libertad para engañar. Usa la retórica de la autonomía, pero en realidad quiere imponer sus creencias. El verdadero liberalismo no teme a la autonomía, la celebra. Y el verdadero respeto por la vida incluye respetar la decisión de cada persona hasta el último día.
La historia dirá que mientras Chile avanzaba hacia la dignidad, Kaiser prefirió atrincherarse en las consignas y negar derechos. Y ahí quedará su legado: hablar de libertad mientras la negaba, predicar autonomía mientras imponía dogmas, y llamarse liberal cuando en realidad nunca dejó de ser un conservador más









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