Dragones, barrio y memoria: Una noche en Fu Hua de Maipú

Amador Mesa nos lleva a un viaje nostálgico por uno de los emblemáticos restaurantes chinos de Maipú, donde la comida fresca y las tradiciones cantonesas se mezclan con los recuerdos de una infancia chilena. La crónica recorre Fu Hua, un local de la zona que enamora con su estética de los 90, rescatando la calidez del servicio y la esencia de esos locales familiares que marcaron a toda una generación.

Dragones, barrio y memoria: Una noche en Fu Hua de Maipú Recomiendo Maipú

Un viaje a esos restaurantes chinos que marcaron la infancia del chileno promedio; dragones dorados, frituras abundantes y la eterna pelea entre el wantán y el arrollado primavera. Fu Hua aparece como una postal noventera donde la nostalgia pesa tanto como la salsa agridulce. Una crónica con recuerdos, sodio y verdad sobre el mantel.

Maipú siempre ha tenido esta fauna urbana maravillosa: perros callejeros, autos sin silenciador y una cantidad indecente de restaurantes chinos. Especialmente por Pajaritos, donde cualquier viernes en la noche aparece esa punzada ancestral del “comámonos un chinito”. Una costumbre tan chilena como reclamar y volver a pedir lo mismo.

Los que crecimos entre los 80 y los 2000 sabemos que la comida china era un evento: cumpleaños, festividades o simplemente la renuncia ética a cocinar. Ahí estaban esos manjares fritos, brillantes y orgullosamente untuosos, listos para darnos felicidad y un poco de sodio extra. 

Con la segunda ola de migrantes cantoneses llegaron esos locales familiares donde solo el hijo hablaba español, frase que debería ser patrimonio cultural no declarado, junto con los míticos malls chinos que pasaron del “todo a $500” al “todo a $1000”, como la vida misma: siempre subiendo.

Fu Hua: la mesa siempre recompensa al que llega con hambre de verdad

Con esos recuerdos sobre el paladar, partimos a cazar nuestro glutamato monosódico pensando inevitablemente en Narciso, ese restaurante que ofrecía comida china de verdad, con dos cartas: una en chino y otra en español para los mañosos.

Hoy convertido en Piccola Italia, porque —como dice Drexler— nada se pierde, todo se transforma. Así llegamos a Fu Hua, impulsados por su buena puntuación en Google Maps y por la esperanza, necia pero noble, de reencontrar una copia feliz del Edén gastronómico.

Entrar fue un pequeño viaje en el tiempo: dragones, lámparas de lágrimas y mesas que gritan opulencia noventera. Esa estética que nunca pasa de moda porque nunca intentó estarlo.

Y como era salida familiar —y mientras más somos, más probamos— partimos con los tragos. Un Shanghai ($6.050) con lychee, granadina y vodka, dulce y con espíritu de carrete universitario; y un Cuba Libre ($6.800) servido tal como debe ser: vaso con el destilado y Coca-Cola en botella de vidrio, generoso y sin pretensiones. El resto pidió Coca-Cola ($3.300), porque no todos vienen a sufrir por la patria.

La disyuntiva inicial fue la clásica: wantán o arrollado primavera. Esta vez elegimos el arrollado primavera ($4.900). Artesanal, con repollo, zanahoria, cebollín, cinco especias y carne. Para mi gusto tenía demasiada carne y poco repollo, masa gruesa, buen condimento, pero el conjunto resultó pesado y poco jugoso. A la mesa le gustó, así que opiniones divididas. Y por supuesto: nadie sabía que yo estaba tomando notas para ustedes.

Luego vinieron los fondos para compartir: carne mongolina ($11.500), costillar cantonés ($12.500), sopa de wantán ($6.700) y arroz chaufán ($3.500). Los platos llegaron casi juntos. La sopa de wantán fue la primera en desaparecer: rica, sabrosa, con ese caldo concentrado chilenizado que funciona, aunque se echó de menos un toque de jengibre. 

El arroz chaufán cumplió su rol acompañador, pero nada más.

La carne mongolina fue el acierto de la noche: jugosa, bien ejecutada, con ese equilibrio entre cebollín, ají oro y carne que siempre gana. El único problema fueron algunos trozos demasiado grandes, como si al cuchillo le hubiese dado sueño a medio turno, lo que dificulta un poco el formato “para compartir”. Todo lo demás, impecable.

El costillar cantonés lamentablemente no acompañó. La salsa llegó sin fuerza, sin ese agridulce marcado ni el sabor de wok que uno espera. Faltó acidez, dulzor y sobre todo ese espesor de maicena que envuelve y enamora. Quedó sintética, plana y sin carácter. Puede haber sido un mal día en cocina; pasa. Uno saca una foto que captura el momento, pero la cocina a veces captura el cansancio.

El servicio fue cordial, amable y cercano, lo cual siempre suma. Solo que esta vez la cocina no despertó con su mejor pie. Nos ha pasado a todos.

Porque la mesa, aunque sea prestada, pequeña o improvisada, siempre recompensa al que llega con hambre de verdad.

Coordenadas:

-Restaurante Fu Hua está ubicado en Av. Los Pajaritos 2944

-Atiende de lunes a viernes de 11:30 a 22:00 hrs., viernes y sábado hasta las 23:00 y domingo hasta las 19:00 hrs.

-Síguelos en Instagram haciendo clic acá.

Amador Mesa

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