Opinión: ¿Por qué debemos cambiar la Constitución?

Esta es la pregunta que más surge en estos días luego de las movilizaciones.

La Constitución es el pacto base en el cual se articulan todas nuestras instituciones. Establece principios, nos reconoce derechos y los hace exigibles, regula los principales órganos del Estado junto a sus funciones, entre otros, los tres poderes (Presidente de la República, Congreso y Poder Judicial), Ministerio Público, Fuerzas Armadas etc.

Al ser la piedra fundamental en la cual se construye toda nuestra legislación, cualquier norma que vaya en contra de la Carta Fundamental es inconstitucional y no puede tener vigencia. En esto radica su relevancia mayor.

Se critica la falta de legitimidad en el origen de nuestra Constitución. La misma fue creada en dictadura, en que la junta militar luego del golpe creó una Comisión de académicos (Comisión Ortuzar) con el objeto de redactar el contenido de la misma para luego ser sancionada con un plebiscito. Como pueden entender, en dictadura dicha Comisión solo representaba a un sector de la sociedad y dicho plebiscito fue completamente irregular al realizarse sin padrón electoral. Pese a que ha sufrido diversas reformas, estas no han podido “limpiar” el origen viciado de la misma, ya que dichas modificaciones siempre han debido transarse por los altos quórums que vengo explicar a continuación.

Cualquier reforma a la Carta Fundamental necesita de quórums altos. En general, son tres quintos de cada cámara del Congreso, mientras que los capítulos más importantes, como el que reconoce los derechos y garantías de todos los ciudadanos, el que regula el Tribunal Constitucional o el capítulo que estable sus normas de reforma, exige un quórum “supramayoritario” de 2/3, que lo hace imposible modificar. Para ejemplificar el mismo, si tenemos un grupo de diez amigos que debemos definir por mayoría a qué lugar iremos en las vacaciones, si contamos con estos quórums, para tomar cualquier decisión 7 de ellos deben estar de acuerdo con una posición, lo cual, en efecto, hace imposible tomar una definición. Imaginemos que solo 6 apoyan la idea de ir a la playa, mientras que 4 quieren a un lago al sur. La minoría siempre tendrá la forma de entrampar la decisión de la mayoría, lo cual claramente es antidemocrático y representa lo que ha pasado en estos 30 años.

Junto a esto, la Constitución se remite a diversas leyes llamadas orgánicas constitucionales para regular los aspectos más básicos. Dentro de estos se encuentran la educación, el sistema electoral, los gobiernos regionales, entre otros. Estas normativas requieren 4/7 (57%) de cada Cámara.

Es por esto que siempre la minoría ha vetado la decisión de la mayoría como ha pasado en los últimos 30 años, lo cual impide que usted le reconozcan los derechos sociales más básicos.

Otro bastión de la “antidemocracia” es el Tribunal Constitucional. Este órgano es compuesto por diez abogados designados por el Presidente (3), el Congreso (4) y el Poder Judicial (4). En efecto, este órgano puede impedir que cualquier ley aprobada por el Congreso pueda salir a la luz, si es que la mayoría de estos diez juristas creen que la misma es contraria a la Constitución. De esta forma se permitió el lucro en la educación, que las instituciones puedan tener derecho a invocar la objeción de conciencia frente a un aborto y que el Sernac tenga facultades fiscalizadoras.

La Constitución está hecha para impedir los cambios, para que todo sea transado y acordado con la minoría, lo cual se hizo a propósito por sus ideólogos, por lo cual hemos vivido en una “democracia protegida”. La Carta Fundamental se hizo de una manera tal que sea imposible tocar intereses del sistema creado en la dictadura.

Esta semana se presentó un proyecto para que podamos definir mediante plebiscito si queremos o no una asamblea constituyente. Si queremos un nuevo pacto debemos partir por la base, es necesario que como sociedad confluyamos en una Constitución democrática y sin ideología política, la cual solo debe instalar las normas básicas de convivencia entre todas y todos para recuperar la confianza en nuestras instituciones y que refuerce el poder de los ciudadanos como agentes de cambio. Hoy se hace urgente comenzar el proceso constituyente en que participemos todos los sectores, dejando de lado una democracia excluyente que ya ha explotado ante el descontento ciudadano.