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Según el Informe del Estado del Medio Ambiente 2020, en Chile se generó un total de 19,6 millones de toneladas de residuos sólidos anuales, de los cuales, el 53% es de origen industrial, 42% municipales, 2% lodos de plantas de tratamiento de aguas servidas, y el restante 3% corresponde a residuos peligrosos.

Respecto a los residuos municipales o domiciliarios, se generaron 8.177.448 toneladas de residuos, con una población proyectada de 18.751.405 habitantes, lo que significa un promedio de 1,19 kilos al día por habitante. En cuanto a la valorización general de residuos domiciliarios, sólo un 1% se recicla frente al 99% de residuos que va a eliminación.

Tal como reflejan las cifras anteriores, los residuos generados por las actividades propias del ser humano se constituyen como un problema para la sociedad y el medioambiente. Actualmente las ciudades y su constante crecimiento urbano (poblacional y territorial), producen una gran cantidad de residuos que deben desplazarse hacia su disposición final, lo cual no siempre tiene una buena gestión en los procesos de traslado.

Si bien este problema del manejo de los residuos ha estado presente históricamente en toda organización social, éste ha adquirido mayor importancia con el nacimiento de grandes concentraciones y asentamientos humanos, provocando que hoy en día sea considerado como un aspecto crítico en grandes ciudades del país y del mundo.

En efecto, el crecimiento de las ciudades, la densificación de determinados barrios y la pandemia (la gente está generando más basura a nivel domiciliario) han generado un aumento sostenido de la cantidad de residuos sólidos, que -por falta de adecuada gestión- terminan configurando nuevos microbasurales.

En este sentido, la situación de la Región Metropolitana es preocupante. Con un aumento sostenido de la cantidad de habitantes de la capital y la concentración de más del 40% de la población nacional, en la Región Metropolitana han proliferado los microbasurales, cuestión que trae aparejado consigo, graves problemas de salud, contaminación del suelo y de las aguas subterráneas.

Para resolver este problema planteo la alternativa de usar la tecnología y la innovación a nuestro favor. Por ejemplo, con el uso de artefactos no piloteados -como los drones- se puede implementar un sistema de control, medición y reconocimiento de la basura por imágenes, lo que ayudaría a contar con un registro de los microbasurales en las diferentes regiones para identificar las comunas con mayor concentración de microbasurales y aquellas que tienen una menor concentración de estos vertederos ilegales. A nivel de procesos de reciclaje, se puede contabilizar más rápido a través de las fotos y darles un uso más adecuado a estos desechos para reconvertirlos.

De igual forma, con la información aportada por los drones se pueden generar estadísticas o antecedentes que den cuenta de la evolución de los microbasurales y con esta información se pueden crear mejores leyes, políticas y planes para hacer frente a esta situación como son la Ley de Reciclaje y Responsabilidad Extendida del Productor (REP) y la que regula de plásticos de un solo uso que comenzó recientemente.

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SOBRE EL AUTOR

Cristián Labbé

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