Siempre, en cada instancia en que nos toca exponer algún trazo de la historia local, repetimos casi como un mantra: “Maipú tiene muchas historias que contar. Algunas de ellas son fantásticas, otras muy tristes y otras, sin duda, épicas. Pero una de las que pueden resultar, para algunos, un tanto desconocida, es la visita de uno de los grandes del fútbol mundial: el inefable Pelé.
Sí, el mismo que encantó al mundo con sus destrezas incomparables y su encanto humano, y que confirió a su país nada menos que tres Copas Mundiales. Ese mismo insigne jugador estuvo en Maipú. De verdad. Aunque a algunos les parezca increíble, este virtuoso deportista caminó por los pastos del viejo estadio municipal.
Edson Arantes do Nascimento estuvo en dos oportunidades en nuestro querido Maipú. La primera de ellas, si alguien lo recuerda, fue en el año 1962, cuando formaba parte del Santos de Brasil. El contexto fue un torneo hexagonal donde se medían equipos latinoamericanos, entre los que se contaban Peñarol, Colo Colo y otros. A pesar de ser un hecho poco conocido, y habiendo repetido su visita en 1967, muy pocos maipucinos conocen este particular episodio de nuestra historia comunal.
Yo mismo conversé con al menos dos personas que fueron testigos de aquel inaudito hecho deportivo. Cuentan la “zalagarda” que tuvieron que hacer para ganar un espacio en la historia maipucina, buscando algún sitio privilegiado desde donde observar al ídolo máximo del fútbol mundial.
Tremenda experiencia la de quienes tuvieron la oportunidad de mirar furtivamente, entre el frondoso ramaje que cubría los costados de nuestro viejo estadio. Una docena de niños cotorreaban en torno a la cancha intentando ver al inigualable crack del balompié mundial.
Quienes estuvieron allí recuerdan que Pelé no solo mostró sus habilidades deportivas, su virtuosismo y el carisma que desplegaba en la cancha, sino también su calidez humana, su cercanía con la gente. Aun sabiendo que era un ídolo, demostró sencillez, empatía y una amabilidad poco común entre los grandes jugadores de fútbol profesional.
Pelé pasó por Maipú dejando un recuerdo indeleble entre quienes lograron verlo, y aún más entre aquellos que alcanzaron una foto con él. El viejo estadio municipal, desaparecido hace ya más de treinta años, guardó en sus desvencijadas gradas y decolorados rincones el paso fugaz de una estrella cuyo fulgor sigue incandescente para quienes vivieron esa experiencia casi gloriosa.
Los viejos álamos que rodeaban el estadio fueron derribados, el pasto mancillado en pos del progreso, y solo quedaron, de aquellas competencias deportivas, recuerdos que se niegan a abandonarnos. Y es que la memoria es porfiada y se sobrepone al olvido de ese querido Maipú que ya no existe, cuando desde las graderías de ese añoso estadio nuestros viejos, degustando una “pilsen”, celebraban los triunfos y lloraban las derrotas, que no son otra cosa que un espejo de la vida, con sus risas y sus lágrimas.
Cuando atravieso la nueva y formidable explanada donde hoy se celebran espectáculos de todo tipo, rememoro en silencio la vieja plaza y, más aún, el antiguo estadio que vio a Pelé patear una pelota que se encumbró al infinito, escribiendo así el nombre de nuestra gloriosa comuna de Maipú en los confines del tiempo y la memoria.

