Academia ATA Martinez: un legado de Taekwondo de más de 17 años

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La Academia de Taekwondo ATA Martínez se ubica en el pasaje Luis Gandarillas #395, cerca de la Avenida Primera Transversal. Sus murallas han visto pasar diferentes generaciones de alumnos formados por profesores que transmiten la pasión por el ejercicio y disciplina a sus sucesores, como el profesor fundador Pablo Martínez.

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Este legado de artes marciales comenzó en 1992, cuando un amigo de Pablo Martínez, Gerardo Ortega, decidió presentarle las tecnicas de Taekwondo que el aprendió en la Plaza de Maipú. Eso se volvió una actividad habitual entre ambos, hasta que el profesor de Di Baggio Taekwondo Club, Senior Master Claudio Sotomayor, lo invitó.

De ahí empezó a desarrollarse su gusto por el arte marcial. “Había 20 personas entrenando, la mayoría adulto. Para mí fue emocionante. Mi gusto por las artes marciales siempre había sido muy fuerte y nunca había estado en un lugar donde la enseñaran de manera disciplinada”, cuenta Pablo.

La exigencia de la clase era fuerte. Con mi amigo entrenamos al aire libre y éramos los dos nada más. En cambio, antiguamente en las artes marciales, tenías que probar constantemente quién era mejor que el otro, entonces no había como un ambiente tan familiar”, recordó el actual profesor sobre sus primeros días. Él continuo practicando la disciplina después del colegio, durante su tiempo libre.

Las memorias que marcaron a Pablo Martínez, según cuenta, fueron su primer examen (lo que le permitió subir a cinturón naranjo), su examen de cinturón negro primer Dan, la entrega del cinturón negro quinto Dan y su declaración como maestro de Taekwondo. También, recuerda con cariño todos los torneos en los que ha participado, cuando se convirtió en campeón nacional y vicecampeón mundial diez veces.

En la parte como profesor, que también es más importante, fue cuando obtuve mi collar negro. Este tiene un valor muy, muy importante para nosotros los antiguos practicantes. Recuerdo que se me cayeron las lágrimas, porque me decían que era un profesor certificado ahora”, expresó el maestro de Taekwondo.

Nunca se imaginó que se convertiría en instructor hasta que Sotomayor ofreció la idea de prepararlo. Desde ese momento, él sintió la necesidad de compartir la pasión por el Taekwondo con otras personas.

Su profesor tenía un nexo directo con los maestros de Estados Unidos, por lo tanto, viajaba constantemente. Esto le daba más tiempo a Pablo Martínez para organizar las clases, hasta que a los 18 años se convirtió en profesor de manera oficial.

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Yo tomaba una micro que pasaba por Pajaritos para volver a mi casa, y veía que estaban construyendo un gimnasio que se llamó Millenium. Tuve la suerte que estaba el dueño viendo la construcción. Me presenté y le dije que yo quería hacer clases en el gimnasio, quería ser el primer profesor que haga clases allí. Le gustó la idea y ahí comencé a hacer clases apenas estuvo abierto en el año 1996”, narró el maestro de Taekwondo.

Pablo Martínez volvió al Instituto Zambrano en Estudio Central donde estudió para realizar un taller de Taekwondo, donde hizo una exhibición de artes marciales, junto a otros maestros, que generó furor en el colegio. Luego, se acercó al Colegio Centenario con las mismas intenciones.

Para él, las clases en el gimnasio eran más controlables, debido a que los practicantes llegaban de a poco. Pero en el primer día de taller, recibió alrededor de 100 estudiantes.

De ahí salieron los alumnos más antiguos de la academia, como lo fueron los profesores Rodrigo Miranda y Ariel Flores. Uno de ellos fue Félix Pérez, uno de los profesores actuales de ATA Martínez.

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Félix se define como un fanático de las películas y las series de artes marciales. Su colegio estaba realizando talleres extracurriculares de Taekwondo, y decidió unirse a los 11 años para ser como Goku o Jackie Chan, esos eran sus referentes.

Si bien me encantaba el arte marcial, no sabía nada y era muy descoordinado, estaba con sobrepeso. Se me hacía difícil seguir la dinámica de las clases, así que fue un desafío”, explicó él. Para Pérez, ese mismo desafío lo llevo a continuar con el Taekwondo.

Mientras tanto, las clases del profesor Martínez, con 20 años ya, se movieron al Club de Tenis 140, en Avenida Central. El maestro quería tener su propia academia como todos sus superiores en Estados Unidos, y para darle a sus practicantes un espacio acondicionado.

Después, las clases pasaron al Club Ómnium, cerca de Escuela Militar en la Calle Apoquindo, dentro de un centro comercial. Los profesores fueron su viejo amigo, ahora maestro, Gerardo Ortega, y el profesor Andrés Galecio. En este lugar, debían manejar los horarios de otras clases que arrendaban el lúgar y cada vez llegaban más practicantes.

Sin embargo, Pablo no dejaba de buscaba un lugar dentro Maipú y en el año 2000 encontró una casa en la calle Gandarillas. “Veo un sitio grande que nunca había visto, a pesar de que yo vivía en Maipú. Parecía casa embrujada. Vi que en el suelo del patio había un papel que casi no se veía que decía ‘se vende’. Pasé por arriba de la reja, justo venía un perro de mi vecino a morderme. Me guardé el número y salté la reja corriendo”, recordó el profesor.

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El maestro de Taekwondo agradece a su esposa por el apoyo con este nuevo proyecto que quería perseguir, donde no solo tuvieron que invertir en la compra del sitio, sino también en la reparación de la casa y la construcción de la escuela de artes marciales.

Alrededor de 2007, empezaron las clases oficialmente y después del primer año llegó un número estable de practicantes. Desde entonces, han estado operando en dicho lugar, llegando a participar en competencias nacionales y panamericanos, con muchos de sus alumnos que han sido representantes de la comuna y el país en distintos eventos.

Según estiman, han pasado más de 1000 estudiantes por la academia, de los cuales 300 se han convertido en cinturón negro a lo largo de su historia, y hay 150 alumnos practicando en la actualidad.

Pablo Martínez ya no se dedica a enseñar Taekwondo, ese rol lo cumple su sucesor: Félix Pérez, cuyas clases se destacan por la cercanía con sus practicantes, su tono ligero y motivador.

Al mirar hacia atrás, el profesor Félix Pérez reflexiona: “fue una experiencia bonita y positiva. Era muy entretenido y desafiante. Cada vez me interesaba ir a entrenar, después me interesó dar examen, me gustó la idea de ir a competir. Me gustó la idea transmitirlo, y empecé a enseñar con el pasar de los años”.

Uno en el arte marcial nunca deja de ser alumno. Aunque sea profesor, siempre sigue aprendiendo, siempre sigue entrenando, siempre sigue perfeccionándose. Lo que me llevó a tener el interés de enseñar. Me gustaba tanto que yo quería que todos tuvieran la experiencia de practicar Taekwondo”, explicó el actual profesor de la Academia.

Cabe mencionar que el primer alumno cinturón negro que fue formado por el Profesor Félix Pérez es Daniel Barahona, luchador profesional de Kickboxing en Chile, quien pasaría a ser conocido por su gran número de nocauts en el ring, y fue excampeón panamericano de Taekwondo en 2012. Él decidió continuar esta disciplina, pero a su propia manera.

Los profesores más recientes y jóvenes de la academia muestran esa pasión por lo que hacen: Patricio, Benjamín, Giselle, Fernanda, Emilio, el profesor Óscar y Andrés Martínez. “Son personas que yo me veo reflejado en ellos, porque partieron igual que yo. Les gustaba, entrenaban mucho, tenían esta inquietud, y hoy en día viven del Taekwondo igual que yo”, destacó Félix Pérez.

Pablo Martínez agregó: “Para mí los logros más importantes son los alumnos, su crecimiento y su desarrollo como persona. Que un niño de cinco años crezca, pase por el colegio, por la universidad, tenga una carrera, y que siga entrenando, te siga diciendo ‘profesor’, que lleve a su hijo a entrenar, es uno de los mayores logros de la Academia”.

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Les diría a todos que se animen a practicar artes marciales, que se animen a hacer cosas que les gusten, que los satisfagan como persona, que salgan un poquito de la comodidad del sillón a poder moverse o a poder encontrar alguna actividad que los motive, que los llene. Ojalá las personas fueran tan felices como lo soy yo con el taekwondo en sus propias actividades o en la que elijan”, concluyó Félix Pérez.

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