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Ceibo: 20 años luchando por el medioambiente en Cuatro Álamos

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El Ceibo funciona en 4 Álamos

Claudia (45) camina unos cuantos pasos desde su domicilio hasta la calle Elizabeth Heisse 534, ubicada en la Villa 4 Álamos, Maipú, y entre la cancha de fútbol, la capilla y un bandejón que divide las inmediaciones del Colegio El Llano con las casas del sector, se encuentra el Centro Cultural Social y del Medio Ambiente Ceibo, organización que lleva 20 años en la lucha medioambiental.

La parvularia y actual presidenta de la organización, Claudia Ibarra, llegó a Ceibo en 2019 como voluntaria gracias a sus hijos, quienes le mostraron la sede y la incentivaron a ser parte del movimiento medioambiental.  

“Yo comencé a participar por mis hijos, ya que muchos de los talleres que había en esa época estaban enfocados en ellos. Cuando empecé a ir de oyente a las reuniones me ofrecieron unirme al equipo porque era muy participativa con la comunidad y yo inmediatamente dije que sí, así que estoy muy contenta de estar tan involucrada y gracias a mis hijos soy parte de esto” , cuenta Claudia.

Ella es de las nuevas dentro del equipo, pero su relación con el Centro no se podría contar sin la lucha de los fundadores, entre ellos, Marcelo Correa y Lidia Martínez (mejor conocida como ‘tía Lili’), quienes desde finales de 2003 lucharon porque el afamado parque 4 Álamos no muriera debido a la poda de 120 árboles nativos de la zona.

La tala de 2003 y un único sobreviviente: Ceibo

En 2003, el alcalde de Maipú era Roberto Sepúlveda y en Cuatro Álamos existía el parque de la villa, que tenía más de cien árboles de diferentes tipos y que durante 30 años fue mantenido por vecinos de la comunidad.

En el sector, vivían dos de los que después serían socios fundadores de la organización, los ya mencionados Marcelo Correa (57) y Lidia Martínez (67), quienes recuerdan con cariño el modo de vida en torno al pequeño parque de Cuatro Álamos.

“En los días calurosos, en que uno debía ir a la plaza, el bosque te estaba esperando para darte sombra, los niños jugaban en el parque a mojarse, había diversidad de árboles y pasto que cubría casi todo el sector”, comenta Lidia.

“Era un trabajo de años de los vecinos. Era tal la situación de ese bosque que se dieron árboles que no eran nativos, como el Ceibo”, complementa Marcelo.

Con el propósito de construir un nuevo establecimiento educacional, el 10 de noviembre de 2003, activos de la administración de Roberto Sepúlveda se dirigieron al lugar para llevar a cabo una monstruosa acción: la tala masiva de árboles.

La molestia se hizo sentir entre los vecinos, quienes se opusieron a que se erigiera el que hoy es conocido como El Llano de Maipú, manifestaciones y enfrentamientos con los trabajadores municipales se llevaron a cabo para defender su parque.

“Yo no era del sector como tal, pero venir a apoyar la causa de los vecinos era más importante”, cuenta Marcelo, quien en aquella época era bibliotecario y vivía en Cuatro Álamos con Avenida Ferrocarril.

“Ese día sonó la campana de la capilla, de manera muy estruendosa, casi como de una emergencia y era porque habían llegado a talar. Todos los vecinos salimos a ver qué ocurría y cuando nos dimos cuenta, los echamos”, recuerda Lidia.

Después de más de dos meses batallando. Fueron los adultos mayores principalmente, que llevaban décadas viviendo ahí, quienes se opusieron contra la constructora y los trabajadores con protestas contra una construcción que iba en contra de los valores del barrio.

“Hicimos un campamento, liderado por los adultos mayores, porque teníamos que pasar las 24 horas cuidando el lugar. Hacíamos ollas comunes para alimentar a quienes cuidaban el bosque”, narra Lidia.

Pese a la interminable lucha de los vecinos, el 13 de enero de 2004 finalmente comenzó la tala de árboles. Los funcionarios, con un contingente policial que los respaldó, llevaron a cabo la brutal labor que le costó al vecindario un total de 119 árboles, solo uno se salvó.

Con el propósito de dimensionar el impacto ambiental que esto generó, se puede considerar la publicación que ONU Habitat realizó en 2019, donde señala siete puntos importantes que aportan los árboles en zonas urbanas, lo que se aplicaría a la Villa 4 Álamos si es que no se hubiese efectuado la labor municipal.

“Los árboles desempeñan un papel importante en el aumento de la biodiversidad urbana, proporcionando plantas y animales con un hábitat, alimentos y protección favorables. Un árbol maduro puede absorber hasta 150 kg de gases contaminantes por año, además de ser grandes y excelentes filtros para contaminantes urbanos», indica el texto.

El mismo estudio añade que «la ubicación estratégica de los árboles en las ciudades puede ayudar a enfriar el aire entre 2 y 8 grados centígrados y las investigaciones muestran que vivir cerca de espacios verdes urbanos y tener acceso a ellos puede mejorar la salud física y mental. Finalmente, los árboles maduros regulan el flujo de agua y desempeñan un papel clave en la prevención de inundaciones y la reducción del riesgo de desastres naturales, además de poder aumentar el valor de la propiedad hasta en un 20 por ciento”.

El estudio de ONU Habitat, hace reflexionar sobre el aporte que tenía y podría tener estos 120 árboles en el barrio.

“Los mayores se encadenaron a los árboles. Militares y Carabineros vinieron con camiones a reprimir a los vecinos y un puro árbol logró salvarse porque no pudieron obligar a salir a quienes estaban encadenados”, cuenta la vecina.

Sería el nombre de la especie de ese árbol que quedó en pie, lo que daría el sentido para un grupo de alrededor a los 40 vecinos a formar una organización medioambiental. Así nació, tras negociaciones entre vecinos y el municipio para que se mantuvieran espacios de organización comunal, el 15 de marzo de 2004, el Centro Cultural, Social y del Medio Ambiente Ceibo, en honor a ese único sobreviviente.

“Nosotros y los vecinos hubiésemos preferido que se mantuvieran en pie todos los árboles”, expresa Marcelo.

Los inicios de Ceibo: emigrar a redes sociales y crecer dentro de la comunidad

El proyecto comenzó a echar raíces y una de las primeras integrantes que puede contar los inicios de Ceibo es Lidia, quien vivió como se fue conformando la villa, el cuidado y vida en torno al Parque 4 Álamos, su destrucción y los inicios de Ceibo.

La vecina llegó con solo 12 años al lugar junto a sus padres y hermanos, emigrando desde otros sectores de la comuna. Fue en 2003, con Ceibo iniciando recién sus primeras actividades y conformando su estructura, que un meningioma en el cerebro la dejaría con secuelas que parecían irreparables.

“Yo no recordaba nada, ni siquiera el nombre de mi hermano y Ceibo fue mi terapia. Yo me recuperé como persona acá en la sede. Me tiraba al pasto y ayudaba como si fuera una niña de nuevo, después de todo el proceso médico fue Ceibo el que me ayudó a recuperar aquello que el tumor me quitó”, menciona Lidia, quien estuvo dos años en tratamiento y después de su recuperación, por el 2005, asumió como presidenta de Ceibo.

“Ceibo hizo que yo no quisiera estar en mi casa, porque yo me sentía bien en la sede”, agrega Lidia Martínez.

Mario Iturrieta, es otro de los miembros importantes en los inicios de Ceibo. Fue él quien lideró la construcción de la sede, puso la primera piedra de la hoy sala de eventos y hasta su retiro hace un par de años, fue de las personalidades más relevantes.

En los primeros años, Ceibo partió con grandes proyectos concursables, además de su presencia en actividades y charlas importantes para encontrar la relevancia que la entidad buscaba.

Representantes de Ceibo se hicieron presentes en “El Encuentro del Agua” o “Modatima”, charlas especializadas en los recursos ambientales. También fueron beneficiados con la obtención del proyecto Henri Nestlé en 2008, que les permitió conseguir $3.000.000 de financiamiento para proyectos.

Premio Henri Nestlé para Ceibo en 2008
Publicación oficial en el blog de Ceibo.
Reconocimiento Henri Nestlé 2008 ganado por Ceibo

En el estudio de Cordero Becerra: “Creando el Primer Ecobarrio de Chile”, el autor hace un repaso por la historia del centro y señala que desde 2006 a 2008 Ceibo llevó a cabo el arboretum, con más de 150 árboles plantados con apoyo de la organización Árbol-Vida, un jardín comunitario con hierbas medicinales y aromáticas, una plaza de árboles frutales y huertos comunitarios para personas mayores, la construcción de una cocina y un horno solar, así como en la implementaron de un centro de compostaje y lombricultura para producir humus. También se agrega la habilitación de la biblioteca con la participación de la comuna son parte de los primeros proyectos que se llevaron a cabo en las instalaciones.

“Recuerdo que por el 2004, cuando empieza Ceibo, venía de visita al lugar porque tenía unos primos que vivían por acá cerca”, cuenta Felipe Maureira (38), actual tesorero de la organización, a quien el terremoto del 2010 no solo le remeció el suelo de manera literal, sino también en su vida profesional.

Hasta 2010 estudió en la UTEM Ingeniería en Ejecución Industrial, pero no se pudo titular por el terremoto del 27 de febrero hasta tres años después, en 2013. Es justamente en ese mismo año que conoce a Ceibo. “Pasaron años en que yo no me involucré porque estaba estudiando y trabajando. Recién en 2010 vine a acercarme nuevamente”, reconoce Felipe, quien comenzó sus gestiones en las redes sociales oficiales en el Facebook de Ceibo, al igual que el blog, que se mantuvo actualizando hasta 2018. Actualmente, es el encargado del correo electrónico y el Instagram de la organización.

“Llegué y me di cuenta de que era un espacio bien formado, que tenían ganas de hacer muchas cosas, pero le faltaban manos. En ese momento me recibió don Mario y se veía en ese tiempo que los convenios y proyectos eran a muy corto plazo”, cuenta Felipe.

Es en este momento cuando debemos hacer un paro y comentar lo ocurrido durante 2008 y 2012 aproximadamente. Ceibo y una de las organizaciones nacidas de su infraestructura llamada Ecobarrio, separaban sus caminos por un conflicto interno que dividió al equipo y retrasó el progreso de la organización durante unos años.

Tras lo ocurrido con Ecobarrio, Ceibo tuvo que rearmarse para seguir adelante. Felipe y otros voluntarios se unieron a la cruzada medioambiental y comenzaron a formar el camino que hasta hoy sigue vigente.

“Cuando yo llegué, había ocurrido recién el problema de los socios, se había separado Ceibo de Ecobarrio y yo fui de las primeras contrataciones que hicieron después de haber perdido muchos socios”, narra Felipe.

Con esta renovación, Ceibo empezó a ser una entidad más autogestionada y a acercarse más a la comunidad del Barrio 4 Álamos. Durante esa época, generaron el proyecto de un colector de aguas lluvias, comenzó a funcionar el invernadero, el huerto, las cámaras de filtración de aguas grises y se empezó a preparar las instalaciones para una nueva forma de trabajo.

Ceibo trabajando en Sistema de Recolección de aguas
Ceibo trabajando en el sistema de recolección de aguas

“Los cambios en la estructura, hicieron que la organización llegara al mundo académico en forma de tesis estudiantiles que venían por las antiguas intervenciones, algo que se fue perdiendo porque era ir a esas charlas o trabajar acá en la sede”, comenta Felipe.

“Campañas fuertes se empezaron a dar acá, el No+AFP, las reformas de pensiones, la Asamblea Constituyente, hasta el Hospital del Carmen estuvo acá trabajando, estábamos haciendo mucha intervención con la gente”, agrega el tesorero.

La enseñanza de valores medioambientales se impartían en el “Ceibo Café”, al igual que la “Ciclorrutas Ecológicas”, que recorrían las calles maipucinas concientizando.

actividad cicloruta de Ceibo
Imagen de la “Ciclorrutas Ecológicas” del año 2014.

También se logró la plaza “Arboretum” en 2017, que fue para habilitar a todo público una plaza que permaneció cerrada por casi una década.

Arboretum organizado por Ceibo
Arboretum en 2017 organizado por Ceibo que permitió utilizar el espacio tras una década.

En esta nueva etapa, visitas ilustres también se hicieron presentes en las instalaciones, el actual gobernador de la Región de Valparaíso, Rodrigo Mundaca, visitó el 17 de noviembre de 2018 las instalaciones para exponer en el foro “Por la Defensa de Nuestra Agua y Nuestro Territorio”, también hicieron colaboraciones con el Operativo Médico Salvador Allende.

Charla de Rodrigo Mundaca 1
Anuncio oficial de la época anunciando la visita de Rodrígo Mundaca.

“Recuerdo que cuando vino Rodrigo Mundaca, antes de que fuera gobernador, me tocó cocinar y fue algo que me marcó porque realizó una charla increíble sobre Modatima. También tuvimos a Alberto Mayol y vino Juan Pablo Cárdenas, que era director de la Radio Universidad de Chile”, agregó.

“El migrar a redes sociales, hizo que llegara más gente a trabajar y también la visita de estas grandes entidades a poner en práctica algunas enseñanzas que era más complicado gestionar antes”, relata Felipe.

Para el activista, el mayor valor que le ha entregado Cebio es el haber reafirmado esas convicciones de universitario que tenía por allá el 2010.

“En una sociedad súper individualista, nadie entiende qué es un trabajo voluntario. Yo me di cuenta que estar trabajando ad honorem en una organización es un privilegio. Hay que asumir muchos costos, pero no me arrepiento de nada, porque llegué con un cambio de mirada acá y Ceibo hizo reafirmar mis convicciones medioambientales”, manifiesta Felipe Maureira.

La Historia que Ceibo quiere seguir escribiendo 

Tras pasar por una etapa de mucha colaboración y presencialidad en eventos académicos, a una autogestión que perdura y espera intensificarse en los últimos años, la administración actual busca seguir involucrando a Ceibo con el Barrio 4 Álamos. 

Desde hace algunos meses, Claudia Ibarra es la presidenta de Ceibo y está enfrentando los desafíos que toda nueva administración suele tener que asumir: la renovación de la sede, la reconstrucción del invernadero, el asignar una zona para que la comunidad pueda organizar sus eventos y seguir con los proyectos a futuro son parte de las metas que tiene la organización en la actualidad.

“Como equipo, estamos en un proceso de retomar espacios, porque la sede fue un lugar que estuvo muy dejado de lado por culpa de la pandemia, así que ahora estamos trabajando principalmente en eso”, señala Claudia.

Con nuevos objetivos y la necesidad de involucrar a los vecinos, la dirigencia está clara en que el reencantar a la gente para que participe es un paso a seguir y que a base de eventos y encuentros se podrá lograr.

“Para mí es un gran desafío, porque la gente que vive acá es mayor y que a raíz de los problemas que vivió Ceibo en su momento perdió cierta conexión. Entonces, mi principal objetivo es retomar esos vínculos con los vecinos. Nuestra idea es que involucrarse con Ceibo sea un placer más que un deber”, señala la presidenta.

Las próximas labores de Ceibo estarán enfocadas en las pymes o emprendimientos, al mismo tiempo que organizarán eventos para financiar la reparación de la sede.

El próximo 7 de abril, el Centro organizará en sus dependencias una muestra de apicultura (trabajo con abejas) que se centrará en educar sobre la conexión que se puede tener con estos insectos. De igual forma, en las próximas semanas se anunciará una feria de emprendedores para todos aquellos que quieran ir a compartir y vender sus productos en la sede.

Ceibo aún tiene proyectos que finalizar, uno de los casos es el baño para discapacitados que debe terminar la organización para que quede en total utilidad la próxima sala de eventos que piensan habilitar para los vecinos.

“Todas estas actividades van enfocados en el medioambiente, pero también en la educación, nosotros necesitamos que todas las experiencias futuras sean enfocadas en cada uno de los que forman parte de la comunidad”, explica Claudia.

Hoy la organización cumple 20 años, y afronta los nuevos retos con las experiencias y enseñanzas de estas dos décadas. Así como cuentan Marcelo, Lidia, Claudia o Felipe, Ceibo tiene como objetivo seguir cuidando al barrio donde pertenece.

“El ser autosustentable es una economía que es súper viable y que tenemos que incorporar en nuestros barrios, porque todo lo que signifique reciclar, va a ser un beneficio para el planeta y para cada uno”, concluye Claudia Ibarra.

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