René Navarro: La historia del reconocido guía del Museo del Carmen

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Con 35 años ligados al Museo del Carmen y una vida entera en la comuna, René Navarro transmite un absoluto conocimiento por cada trozo de historia de Maipú. Ha trabajado de administrador, mediador, guía, conservador y un sinfín de actividades siempre relacionadas al museo, el cual bajo sus palabras siente como “mi segundo hogar”.

René Henríquez Navarro Sandoval tiene 77 años, es el mayor de ocho hermanos y como él dice “nacido y criado en la comuna”. Sus padres se afianzaron en el sector, por lo que su familia lleva más de 100 años en Maipú. Su padre era un pequeño agricultor, mientras que su madre se preocupaba de que tuvieran todo lo elemental y de la educación.

Un pequeño recorrido por el antiguo Maipú

René Navarro estudió en colegios de la comuna, partiendo por uno que se le conocía como “el colegio del señor Olivares”, en honor a un antiguo educador, y se encontraba ubicado en Pajaritos, frente a la calle La Colonia. El establecimiento llegaba hasta cuarto año, por lo que quinto y sexto los cursó en el Colegio Sagrado Corazón, que se encontraba frente al molino de la misma avenida, donde hoy existe una discoteque. 

René afirma que en su época escolar tenía la dificultad de que Pajaritos pasaba solo una micro, y que en muchas ocasiones no paraba por lo que había que esperar un largo rato la siguiente. De esa forma se recuerda él, junto a varios niños, en una avenida que él describe en ese tiempo como “angosta y con un túnel de árboles preciosos”.

En un rápido y preciso recorrido, René nombra todos los fundos que existían en la avenida, partiendo por el paradero 5 donde estaba el fundo La Laguna, la cual contaba con un retén de Carabineros, después seguía el fundo El Descanso, el Santa Elena, El Rosal, Santa Teresa y La Turbina.

Continuando el recorrido, pasado el Cerro Primo de Rivera, se encontraba el pueblito El Infiernillo, donde los vecinos iban a tomar, por lo general, vino, y de vez en cuando se formaban algunas peleas, las cuales daban su nombre. 

Llegando a la altura de Avenida Chile, René recuerda la primera copa de agua, y casi llegando a calle Chacabuco el restaurante llamado La Cabaña, para finalmente llegar a plena Plaza de Maipú donde se encontraba una quinta frente a todas las oficinas fiscales.

“Es como abrir una enciclopedia de la comuna, es un vecino patrimonial de Maipú”, afirma Raúl La Torre, encargado de área del Museo del Carmen.

Como si estuviese escrito

René Navarro cuenta que su madre lo quería ver trabajando en un banco, en una época donde “lo que decían tus papás era ley”, por lo que continuó sus estudios en un liceo comercial de Santiago para saber de auditoría contable, con lo que se ganó la vida en su época de juventud.

“Siempre creo que hay alguien que mueve los hilos, porque esto de ser contador auditor no era lo que me gustaba, pero tenía que aceptarlo, ya que en esa época lo que los padres decían tenías que hacer. A mi me gustaba el arte y cuando me desahogue un poco económicamente me financié en la Pontificia Universidad Católica cursos de arte, historia del arte, filosofía del arte, apreciación del arte, como preparándome para lo que venía sin saber”, afirma René Navarro. 

En 1986 recibió un inesperado llamado de la Corporación Voto Nacional de O’Higgins, entidad encargada de cumplir con el voto o promesa formulado por el padre de la patria de construir un templo en honor a la Virgen del Carmen. 

René Navarro señala que lo llamó específicamente Carlos Riesco Grez, quien le dijo algo más o menos así: «Queremos reactivar nuevamente el Museo del Carmen de Maipú, y estamos formando un grupo donde tengo sus referencias por si le interesaría hacerse cargo de la administración del museo».

Como si el destino estuviera escrito, René, quien se encontraba asistiendo a cursos de arte, terminaría por tomar en 1986 la administración del Museo del Carmen de Maipú.  

René Navarro

Una vida en el museo

Ya son 35 años los que lleva René Navarro trabajando en el Museo del Carmen, un camino largo que ha tenido mucho trabajo detrás. El año en que llegó a hacerse cargo del espacio encontró mucho por hacer, como arreglos, limpieza, orden, mantención, masificación, entre otras tareas.

“Lo primero fue hacer un aseo. Sacudir en un museo no es lo mismo que sacudir en tu casa, hay que tener una sensibilidad especial y yo veía sobre todo que era un museo muy sucio. No tenía idea en ese momento sobre cómo se mantiene un museo, pero yo dije: mi casa la veo limpia, no la veo sucia y aquí tampoco, menos en un museo”, relata René.

En los primeros años el trabajo fue pesado, lo que requirió la conformación de un buen grupo de trabajo y lograr se sintieran muy involucrados. En 1987, le pidió a su hermana Clara ayuda con el museo, y desde entonces ella junto a su otra hermana María Consuelo, trabajan en conjunto en diferentes áreas, trayendo como resultado a una familia comprometida y ligada durante años a la historia de la comuna.

“Nosotros aquí empezamos como maestros chasquillas, desde hacer la limpieza, mantenciones, recepción de público, ayudar al público. Nosotros sabemos todo lo que hay en el museo”, afirma Clara Navarro.

Lo que venía luego de tener un museo en condiciones de recibir gente era justamente tener público. René Navarro pensó que una buena manera sería ir a los colegios e invitar a los profesores a conocer el espacio. De esta forma nacieron las guías, aunque no de la forma esperada. 

“Un día recibí un colegio donde un profesor a cargo de su curso se anotó en la boletería. Dentro del museo escuchaba lo que decía a sus alumnos. Recuerdo que cuando pasaban delante de la bandera de la Patria Vieja y como le veían colores amarillos el profesor le decía a sus alumnos que era la bandera del papa. Yo dije algo está pasando aquí, hay una falta de conocimiento, entonces para que el servicio sea más completo ¿por qué no guío? y de esa forma comencé a guiar el recorrido al interior”, comenta el protagonista de esta historia.

De esta forma, comenzó de manera pionera un sistema de guías y recorridos en el museo, trabajo que realizó durante muchos años, aunque hoy en día ya está alejado de eso. “Tu le preguntas a un vecino antiguo de la comuna y es muy posible que se acuerde de la persona que en su momento lo guió”, señala Raúl La Torre respecto a la labor que por años realizó René.

Sus piezas más simbólicas

René Navarro, dentro de todas las piezas del museo, le tiene un especial cariño a dos. Partiendo por un amoblado que se encuentra más o menos al principio del museo, el cual tiene una técnica poco común.

“Hay varias historias, pero la que yo cuento, porque siento que es la más real, es que se dicen que estos muebles fueron regalados por la emperatriz Eugenia de Montijo y Napoleón III, a Teresa Blanco, hija de don Manuel Blanco Encalada, quién fue el primer presidente de Chile. Él (Manuel Blanco Encalada) estaba de ministro plenipotenciario de Chile en Francia, lo que hoy conocemos como embajadores, se casa su hija y la emperatriz le hace este regalo”, comenta René.

El maipucino señala que el cariño viene porque cuando tenía seis años sus padres lo llevaron a conocer el museo, donde le quedan grabados estos amueblados. “Por lo general a los niños se les quedan grabado las armas, los uniformes, en mi caso fue esto”.

La otra pieza favorita de René es un coche de jardinera, el cual le recuerda a uno que tenía cuando era niño. Su padre quien era un agricultor también producía leche. “En ese tiempo iban muchos lecheros de la ciudad a comprar al campo, para luego venderlos a un precio más elevado en la ciudad”.

“Mi madre le dijo a mi padre ¿Por qué nosotros no vamos a vender la leche?, tú solo tienes que ensillar el caballo, cargar los tarros de leche y yo con mi hijo (René) la vendemos”.

La clientela la tenían en Santiago, a la altura de la calle San Pablo.

La cultura hoy

Si bien René ha estado prácticamente toda su vida ligada a la historia y la cultura, siente que poco a poco se va perdiendo el interés en ella. “En mi época de estudiante el 5 de abril era feriado en todo el territorio nacional y sobre todo en la comuna. Se hacían tremendas fiestas en el monumento frente a la Municipalidad, donde se reunían los colegios, adultos, Bomberos, todos desfilando para el 5 de abril. Yo me crié con que el 5 de abril era feriado y hoy ni saben qué ocurrió esa fecha”. 

Por su parte Clara Navarro también coincide que la cultura y la historia se va perdiendo poco a poco, sobre todo en la comuna, donde muchas personas desconocen todas las piezas históricas que tiene Maipú. 

“Una vez yo me acerqué a estas cabinas cuando recién salieron (Seguridad Ciudadana) y me hice pasar por turista. Consulté si me recomiendan algún lugar de la comuna o que hay aquí para conocer, ya que se que es un lugar histórico. La persona que estaba a cargo no tenía idea. Aquí parece que hay un museo le dije y él no tenía idea”, indicó.

“Imagínate un pueblo netamente histórico, que tiene mucho que decir, un pueblo que hoy es una pequeña ciudad de lo que nosotros conocimos cuando éramos niños”, cierra Clara Navarro.

Lo que viene para el futuro

René Navarro señala que le gustaría comenzar a disfrutar de otros aspectos de la vida, como viajar y conocer otros lugares, cosas que no ha podido realizar al dedicarse tanto tiempo a su trabajo. 

Una situación parecida afirma Clara Navarro, quien señala estar muy feliz trabajando en el museo, pero como te da te quita, ya que “esto nos absorbe, es de martes a domingo. No puedes hacer vida familiar o vida social. Por eso digo bueno y malo, pero yo soy una agradecida del museo”.

Si bien piensa que en su momento dejará de trabajar en el museo le gustaría «ver la posibilidad de ir un día o dos días a la semana para hacer trabajos como limpiar una lámpara o las cosas que me gustan”. 

Siempre pensando en el Museo del Carmen, René aún no quiere terminar su largo recorrido con la historia de Maipú, aunque piensa que no es bueno estar ligado hasta el final en una cosa, esto “es algo que el patrón celestial dirá, solo sé que esta es mi segunda casa”.

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